«La Botera», Competencia argentina del 34° MDQ

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La ópera prima de Sabrina Blanco, irrumpe con ternura y simpleza, gracias al talento de la joven Nicole Rivadero, su protagonista. Ella no es actriz profesional, quizá por eso su naturalidad nos cautiva. Sin artificios de por medio.

La botera narra la vida de Tati (Nicole Rivadero), una chica de 13 años, que vive en la Isla Maciel con su padre (Sergio Prina). Suele colaborar con un comedor infantil y le va muy mal en el colegio. Su único anhelo es ser botera y trasladar a la gente de un lado al otro del río, aunque hay ciertos impedimentos, pero ella no renunciará a su sueño. Tati quiere tomar las riendas de su vida y luchar por sus deseos, aunque la búsqueda de la identidad adulta, en este coming o age, es una tarea nefasta, sobre todo, debido al entorno hostil y la ausencia del modelo femenino familiar.

Esta historia se cuenta desde los márgenes, de las riberas del rio,  para mostrarnos la profundidad, la intimidad. Ello fue de algún la noción inicial de lo que la joven realizadora Sabrina Blanco quería para su primer largometraje. La botera, se presentó dentro de la competencia argentina del 34º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata y ni bien terminó la función, ya sentíamos que algo había ganado en nosotros y efecitvamente era una de aquellas sorpresas que siempre deseamos de los festivales de cine.

Tati no responde al canon de belleza del establishmet, suele sufrir bullying en el colegio, tiene un amiguito con quien jugar y pocas veces vive situaciones que le generen una sonrisa. Una de ellas es pasear en bote. Por eso se enojará cuando su padre lo venda y no le quedará otra que tomar lecciones de remo con el nuevo dueño, un pibe que le hará descubrir su deseo en medio de tanta miseria y necesidades.

“Yo quise ir desde la historia particular de esa protagonista y ese lugar hacia lo universal. Sobre todo porque hay una cuestión ideológica detrás de eso y es que a los pibes en los barrios populares les pasan las mismas cosas que a nosotros en términos humanos. No hay que mirar ese barrio y a esa gente como un fenómeno. Yo no quería que eso suceda, sino que cada uno que ve esta película se pueda identificar desde un lugar absolutamente humano, más allá de las diferencias sociales y de oportunidades”, dijo Blanco, quien a los 33 años debuta en el festival marplatense.

Nicole Rivadera, que en el momento de la filmación tenía 14 años y ahora con 16 recibió una ovación de la platea en la presentación de Mar del Plata, fue elegida especialmente por ser del lugar, así como los niños y los jóvenes que actúan en el filme. “A Nicole yo la conocí cuando tenía 12 años, vive en el lugar, y yo vi la esencia del personaje que imaginé. Y más allá de que todos los adolescentes tienen soledad, no son las mismas soledades que las que se viven en un lugar de esas características. La de ella es muy particular, se ve en sus miradas, en lo gestual, y es algo que convive con ella porque es su experiencia real de vida y así se construyó. La soledad es mucho más que la soledad afectiva, cuando hay desamparo en términos sociales hay soledad. La soledad de no tener, hay soledad de no poder”, indicó la realizadora.

En referencia al oficio del botero, que cobra 6 pesos para cruzar el Riachuelo hacia la Boca en un viaje de “tres minutos de reloj”, expresó: “Lo interesante del botero es que se trata de un oficio obsoleto, que plantea una resistencia en un río podrido. Y ahí estaba la metáfora que quise plantear, eso podrido, la resistencia del oficio y la resistencia de ella en su entorno. Ella y el bote eran una analogía de resistencia. Ella encuentra refugio en un lugar podrido”.

Con respecto a la pulsión adolescente del personaje, describió: “Ella va cambiando su objeto de deseo, en un momento es el bote, después es el chico que le gusta, después es su amigo, después el padre, y ese deseo va poniéndolo afuera también”, dijo la realizadora que reconoció influencias en este filme del cine de Leonardo Favio, de los Hermanos Dardenne e incluso de “Los 400 golpes”, de Truffaut.

“No sé si hay una nueva mirada del cine argentino, yo creo que en La botera quise hablar del término de lo femenino, y eso sí es de esta época. Yo busqué que miremos la intimidad de una etapa muy bisagra para nosotras con un poco de verdad y no tanto decorado. Y puse el foco en los estratos más bajos, donde todo se complejiza más… Necesitaba que la película sea urgente porque la pobreza es urgente. En un lugar donde no pasa nada se vive mucha urgencia.”, agregó la directora Sabrina Blanco. Un nombre que tenemos que anotar para seguirla en sus futuros trabajos.