• Carlos Lechuga: “Mi intención con ‘Melaza’ nunca fue decir esto está bien, esto está mal. Solo mostrar. Esto es lo que hay”

     

  • Posteado: 30 de Agosto de 2013. Por: José Romero Carrillo


    “Melaza” es el debut como director de Carlos Lechuga, una coproducción de Cuba, Francia y Panamá (Producciones de la 5ta Avenida, ARTE France Cinema, 13 Production, Promenades Films y Jaguar Films). El pasado abril en la segunda edición del IFF Panamá tuve oportunidad de conocer a Carlos Lechuga, talentoso director de esa corriente denominada como el Cine Cubano Independiente. Su película ‘Melaza’ se estrenó en Rotterdam y a fines de ese mes ganaría el Biznaga de Plata al Mejor Largometraje en la sección Territorio Latinoamericano del Festival de Cine Español de Málaga, luego vendrían varios certámenes más, y por esos azares festivaleros su película formó parte de la sección ‘Panorama del Cine Latinoamericano Contemporáneo’ del 17 Festival de Lima. Aquí la conversación que sostuvimos una tarde de abril en ciudad de Panamá.

     

     

    En las reseñas leía  que tu película tenía un fuerte componente político pero, después de verla, me doy cuenta que no lo es tanto... Tu película es política, pero sin remarcar mucho las ideas, las posturas, sin ser propagandística
    La idea era hacer una película en que se hablara de los jóvenes de hoy en Cuba, de las familias, de las personas cubanas pero en el mismo contexto no podría ser nunca apolítica completamente, nunca esa fue la intención. Fue hacer una película sobre la gente, y eso conlleva a que hay que hablar de un contexto, de un momento, de una situación, pero lo que más motivaba era hacer una película sobre la pérdida de valores, sobre como yo veía y veo a los cubanos de hoy, a las familias; sobre los jóvenes, pero también hay una anciana, una niña chiquita. Pero lo político está porque habría que filmar en la Luna para que no entrara lo político, nunca quise recalcarlo mucho...


    Lo que nunca encontramos en cambio, es una posición a favor o en contra...
    Es mi visión personal, me gusta que digas eso,  de los dos lados siempre hay gente que quiere llevarme para su molino, como se dice. Cuba tiene una larga tradición, en ICAIC, sobre todo de cine crítico y Tomás Gutiérrez Alea es un claro ejemplo de ese tipo de cine, por ejemplo. Y muchos de esos temas, digamos, delicados ya se habían tocado en varias otras películas, pero se habían tocado en tono de comedia. Cuando hay un tono en un tempo diferente, suena más serio, la gente se asusta un poco más.


    Y sin embargo todavía hay espacio para el humor, humor negro, quizá pero bien sutil.
    Yo quería que con la película la gente se emocionara pero que ni llorara ni se riera mucho. Porque pienso que en Cuba sobre todo,  cuando vas al cine y entras, en las películas que tocan temas sociales la gente hace catarsis, sale riéndose de la sala y ya se creen que ya no están los problemas. Yo quería que la gente se quedara con la sensación esa de los problemas que hay en Cuba, un poco a pensar, a verse uno mismo.


    Lo que hemos podido ver en años recientes de cine cubano tras la muerte de Titón, es una suerte de corriente humorística en el cine cubano, con énfasis en la comedia costumbrista, que hacía más agradable la visión de la realidad cubana para el espectador extranjero.
    Sí, lamentablemente es así. Ya no se hace mucho cine, entonces últimamente la única manera viable de concretarla es la coproducción. Entonces llegó un momento en que siempre se trataba lo mismo: el gallego, el español que llega, que la mulata y eso se fue repitiendo mucho, pero yo creo que para el futuro van a ir apareciendo nuevos géneros, nuevas maneras. Hemos visto ‘Juan de los Muertos’, la misma ‘Melaza’, está una película que se llama ‘La piscina’, que son entre sí muy diferentes.


    A propósito, consideras a ‘Juan de los muertos’, una película cubana o española. Lo pregunto pues se vende como española.
    Bueno, así son las coproducciones, nosotros compartimos productor con ‘Juan de los muertos’, pero a esta última yo la veo muy cubana porque en el interior hay una preocupación por hacer algo diferente. Hay una crítica también, pero yo lo veo muy optimista, muy progresista, pero en un país donde no se ha hecho nada parecido y se agradece mucho. En definitiva lo bueno de ‘Juan...’ más allá de la calidad de la película, es que se trata de una película independiente que sobrepasa el límite, ¡Se ganó el Goya! Es, como te decía, la cosa no es filmar sino después como exhibir  y ‘Juan...’ está mucho mejor que muchas películas cubanas de la industria, del ICAIC.


    Respecto al título de ‘Melaza’ que nos remite a algo dulce pero lo que se es todo lo contrario, algo agrio que está íntimamente relacionada con la historia de supervivencia que nos narra, hay una familia quebrada, con el padre ausente, no es la familia nuclear como continuamente se ha reflejado en el cine cubano.
    Eso es algo que me propuse mucho, hacer una familia donde la niña a pesar de que sea encantadora no sea la típica niña chiquita, bonita, flaquita, de ojos azules, es una gordita. La mamá tiene diez años más que el novio, el novio no es el papá, la abuela está en contra del novio. Y lo de ‘Melaza’ viene porque la melaza es dulce, tiene en el fondo una cosita amarga pero sobre todo porque es pantanosa y esta gente está empantanada, no puede salir de esta situación.


    Por las locaciones se puede apreciar que esto perteneció a una etapa muy específica en la historia de la isla.
    Fue el año 2006, si es que no estoy equivocado cuando la industria azucarera en Cuba se detuvo. Creo que fue un error, pensaron que la caña no iba a dar suficiente dinero. Hubo muchos lugares que se quedaron como pueblos fantasmas; la vida de esos habitantes que giraban alrededor de ese producto, literalmente se quedaron sin nada. Eso es algo que, sin embargo, no solo pasó ahí sino en muchos otros lugares. Pero a mí interesó por lo que significaba para Cuba el azúcar y es un pretexto para hablar de la juventud, de la familia cubana. Y a partir de entonces a muchas personas se les da el salario parcial, se les habla de estudiar, pero hay muchas de estas personas que con 50 o 60 años trabajando en la industria azucarera no pueden empezar a estudiar matemáticas.


    Algo que suena casi surrealista para muchos de nosotros está presente muy claro en el filme. Esa necesidad de ingeniárselas del protagonista para poder salir adelante.
    Yo tengo un amigo que dice que lo que más llama la atención de la película es la capacidad que tiene el cubano para aceptar las cosas. Tú le dices a un cubano no te puedes sentar en el sofá y no se queja y busca una silla, y sigue, se dice: yo tengo que seguir. Y eso es tan optimista como pesimista.


    Básicamente tu película en una sola frase sería una historia de supervivencia, pero con el agregado, muy atinado, de no juzgar moralmente a tus personas. Es la coyuntura la que obliga a algunos de los personajes a hacer algo censurable, estamos sobreviviendo y hay que hacerlo.
    Así es, la coyuntura te mancha hasta un punto, pero es como así estamos todos. Mi intención nunca fue decir esto está bien, esto está mal, solo mostrar, esto es lo que hay. Y eso me alegra, que se haya logrado, porque ya bastante mal están los personajes como para echarles más latigazos...


    La niña me parece un personaje muy interesante, no se amilana y muy por el contrario exige respeto, como para conciliar una familia todavía en formación.
    Lo que más me gusta de la relación del padrastro y la niña, es que ellos se vienen a hacer amigos cuando los dos están haciendo una fechoría. Eso es lo que me gusta, ella sabe que las cosas están mal, toda la familia lo está presionando a él -que es como el inocente- para que haga algo y cuando la niña ve que él es tan malo como ella, lo entiende finalmente. Es que todos están, como se dice, luchando.


    Otro aspecto interesante está en la presentación de las clases sociales que están surgiendo en esta nueva Cuba. La primera vez que lo aprecié fue en ‘Habanastation’, pero ahora sin el tono lúdico presente en esa película.
    ‘Habanastation’ fue la primera que lo dejó en claro, es que el tema de las clases sociales en Cuba llegó a un punto que hasta el mismo gobierno lo ha aclarado y no es una cosa de igualitarismo... Supuestamente al que trabaje le va a ir mejor y va a tener más dinero y eso está permitido. Ya no está nada oculto.


    ¿Cómo pudiste sacar adelante tu película, teniendo en cuenta que existen sindicatos y la presencia monopólica del ICAIC en el sector cinematográfico?  ¿Tuviste problemas?
    Mira, el ICAIC no tiene a los actores, no los domina. Hay varias agencias de actores, una se llama Actuares, y el ICAIC tiene una agencia de casting que es bastante famosa y es ahí donde uno acude y busca. ICAIC no tiene problemas con los actores, ellos tienen monopolio en el foro, en si quieres hacer una película de época, ellos tienen el vestuario, los muebles, automóviles y luces, muchas luces.


    Para filmar tuviste que tener algún contacto con el ICAIC.
    Con el ICAIC necesitábamos los permisos de rodaje porque íbamos a meternos en las centrales azucareras, un tema muy complejo y no tuvimos ningún tipo de problema. No es que la película les haya parecido la gran maravilla, hay ciertas personas que me cuentan que no les gustó, pero tampoco nadie ha ido a tocarme la puerta de la casa, y yo salgo de viaje sin inconvenientes. Yo realmente siento que es una cuestión de gustos.


    Respecto a la oralidad de los personajes, no hay mucha locuacidad o el consabido griterío que ya son rasgos distinguibles del reciente cine cubano. Tu guión va por otro camino, tus personajes son más  bien lacónicos, está la presencia del silencio en varias de sus secuencias...
    Justamente por el mismo tempo, por la situación la gente no anda echando gritos, brincando todo el tiempo, como se ha reflejado mucho en el cine cubano. Aquí la gente es calmada...


    Por qué crees se ha impuesto este estereotipo de lo que es Cuba en zonas lejanas como Europa o en la misma Sudamérica.
    Creo que es porque el cubano en la vida real es muy gracioso y ostentoso a la hora de hablar, mueve las manos... esto en el cine se ve más todavía. Era un momento en que no se podían decir ciertas cosas, entonces todo se volvió muy colorido, vistoso. Yo no quería que mi película fuera colorida, porque hasta cierto punto eso trae alegría y eso no era algo que yo deseaba. Hay gente a la que le gusta un personaje más que el otro y viceversa, entonces, como que yo logré lo que quería. A pesar de que algunas personas me digan que mis personajes no parecen cubanos sino chinos, pero es a propósito que no anduvieran por ahí como ‘una piñata de fiesta’.


    Así como te alejas de esa oralidad extrema, también te alejas de esa mirada idílica o trágica también presente en varias películas.
    Lo que veo yo, -más allá de las tragedias, las broncas, las puñaladas- la mayoría de los cubanos vive en una constante, como en lo mismo, o sea cada día lo mismo, lo cotidiano, y es muy dramático. Como que no hay un momento de explosión, muy pocas veces se sale a calle a quejarse uno, o muy poca gente termina el día en una fiesta, o sea climax no hay mucho. Entonces la película es contenida en ese sentido, pasa todo y no pasa nada y después pueden pasar quince años y es lo mismo.


    Cuéntame un poco sobre ese cine independiente que está surgiendo desde hace algunos años en la isla.
    Se están dando las condiciones, poco a poco, hay mucha gente luchando por eso. Se hace mucho cine y se muestra mucho de USB a computadora. El salir es lo más difícil.


    En las décadas pasadas, los festivales europeos se reducían a un puñado de nombres, como Berlín era lugar fijo para Daniel Díaz Torres, pero ahora han surgido muchos otros y se han posicionado como más autorales, y son precisamente los que apoyan a los más jóvenes, como el festival de Rotterdam donde tu película debutó.
    De Rotterdam he recibido mucho apoyo. Los de Hubert Bals nos apoyaron, gracias a ellos hicimos la película también. Fuimos escogidos en la sección Bright Future en la edición de este año y fue un empezar muy bonito para ‘Melaza’ pues es un festival que está ganando mucha fuerza.


    El público cubano ha tenido oportunidad de ver la película.
    ‘Melaza’ ha estado en el festival de cine de La Habana, 8 presentaciones en cine de 1500 localidades, bueno tú has estado en el Yara. Estuvo en la competencia de Opera Prima, se repletó y fue muy bien con la crítica y el público, y tuvo mucha prensa. Después de que estuvo en varios festivales fuera, el ICAIC tiene una muestra de jóvenes realizadores, la programaron y nos ganamos cinco premios. Esto es un signo que la película no está completamente vetada. Ahora, fecha de estreno  no hay, ni hay la intención.


    ¿Qué crees que se viene ahora en el cine cubano?  ¿Existe una nueva hornada de cineastas jóvenes? 
    Hay mucha gente joven tratando de hacer su primera película, hay algunos que van para su segunda, en un momento hubo como una pequeña ola, en un momento hubo una persona en Berlín, estábamos dos en Rotterdam. Hay que esperar que no se enfríe la cosa. Ojalá no haya sido una chispita que se perdió en el ambiente. Cuba estuvo mucho tiempo adelante y ahora estamos atrás. Argentina, Chile, el mismo Perú que ha ganado algún premio en Cannes.


    Cierto, el cine latinoamericano le debe mucho a Cuba.
    Y ahora estamos como al final de todo.


    Crees que es necesario que se dé un recambio, que ya no sea uno solo el ente que maneje todo lo referido a la distribución.
    El tema del cine en Cuba es que el ICAIC sirve -más que nada- para afuera, para que se ocupe y trate de mover las películas fuera de nuestras fronteras. El mayor problema es que nosotros no tenemos leyes de cine. Existen ciertos marcos legales por supuesto pero lo que el problema realmente es económico. En Cuba no hay dinero, la gente gana poco y el cine cuesta dos pesos. No puedes ganar dinero si no subes la taquilla, pero no se puede hacer porque la gente no tiene dinero para ir al cine. Es la serpiente que se muerde la cola.


    A propósito del espectador cubano, éste es un cinemero muy exigente...
    Así es, va en grandes cantidades a las salas. Después se retira a consumir mucho el producto pirata. Si hay películas cubanas, las sigue mucho. Está muy al tanto. Mira, a mí me pasó una cosa muy bonita que casi nunca sucede, que un director vaya a ver la película de otro director y la apoye. Fernando Pérez, Daniel Díaz Torres, Cremata, Daranas, Tabío –que es como mi padre-, muchos de los que admiro me apoyaron.


    Creo que ‘Melaza’ tiene la particularidad de que un espectador de fuera, que no es cubano ni vive en Miami, lo puede ver con mayor claridad, no tenemos que ceñirnos a uno u otro bando. Así se mantiene en una delgada línea de objetividad, si se puede llamar así.
    Eso fue muy difícil, lo que a mí me interesaba es, sin hacer una película de exportación, que todos la entendieran y al mismo tiempo hay cosas muy locales. Había cosas que teníamos que hacerlas más visuales para que la gente entendiera. El que no sabe nada de Cuba, sabrá que hay una crisis, un problema y que son gente que está tratando de salir adelante. No quise ser más especifico, entrar en los detalles porque caería en lo vistoso, en lo souvenir.


    Cuéntame un poco de la experiencia de presentar la película en el Festival de Miami. ¿Cómo reaccionó un público decididamente anticastrista?
    El público de Miami estaba sentadito en la punta del asiento y como diciendo a ver qué me cuenta éste. Cualquier alusión positiva a la revolución, imagino, se hubieran ido corriendo de la sala. Creo que en un momento entendieron que se hablaba de un drama humano y lo asimilaron muy bien. En un momento en que la película no había ganado ningún premio, yo me decía que había logrado lo que quería, porque si a mí las ancianitas de La Habana cuando acabó la película me entraron a besos y las ancianitas de Miami también, es que algo logré ¿no? Una extraña comunión, las abuelitas me adoraron.


    Otras películas de Cuba, nos hablan que la única manera de sobrevivir es irse de la isla, en tu película en cambio se opta por la sobrevivencia quedándose en el país.
    Como en Cuba, hay tan pocas películas, los temas como que se dan en bloque, hubo un momento en que había muchas películas en que la migración y el irse de Cuba era la única opción viable. Otro momento, fue el de las coproducciones españolas y las jineteras. Yo quería hacer una película que contara cómo es vivir adentro, creen en el proyecto de país hasta cierto punto pero no tienen la posibilidad de irse.


    Eres de la misma idea de seguir produciendo en tu país, de continuar con la lucha.
    Tengo proyectos, uno de ellos es hacer una película en Panamá completamente. Todos los temas que me surgen son de Cuba, de la política y de lo que se vive. Y si todo cambia y Cuba se convierte como Rusia en un capitalismo terrible, de aquí en quince años me verán igual criticando. Quiero darme la oportunidad, si es que Dios quiere, de darme una profesión, un oficio. Si tú me dices para hacer una comedia chilena, poder ir y hacerla, me interesa mucho el lenguaje cinematográfico. ‘Melaza’ es una película muy amarrada al lenguaje cinematográfico, todo es frontal, pocos primeros planos; ahora me gustaría hacer una película clásica, como las de antes como dicen.


    ¿Cuáles son tus inspiraciones, tus directores preferidos?
    Uno de mis directores preferidos, al que siempre vuelvo, es Roman Polanski. No sé por qué lo siento muy cercano.


    Finalmente, qué es lo que buscas en un festival de cine, como te sientes en él

    Llega un momento en que los festivales pueden ser cansones de ir. Yo he estado en pocos y ésta es mi primera vez. Pero como yo lo veo cuando me siento un poco débil, es como si mi película fuera como un hijo y uno tiene que acompañarla. A no ser las grandes películas, que salen y ya tienen una súper promoción planificada. Y bueno, está lo otro, que conoces gente de otra parte del mundo, hablas de los próximos proyectos, es una plataforma muy necesaria para seguir haciendo películas y que se sigan viendo.

 

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